
UN RECUERDO DE INFANCIA EN TRES PORTEÑAS, POR EL DR SERGIO FIGUEROA
Por Redacción
La casa histórica de los Villadeamigo Figueroa. Qué buena foto y cuántos recuerdos jugando de chico en la cuneta con latas de picadillo y de sardinas. En aquellas épocas no había tantos juguetes. Enfrente estaba el canal y, del otro lado, no había nada. A 100 metros, el terraplén de la estación de trenes, el piso con carbonilla y, pegado, el basural. Seguíamos ese camino hasta el desagüe, que llevaba algunos pescaditos, y entrábamos a la finc Giol. Allí estaba el Club Giol, la cancha y un lugar donde se realizaban algunas ceremonias y bailes.

Desde nuestra casa histórica, que llegaba hasta el fondo de la cuadra, se veía la Escuela Almirante Brown. Según relata mi hermano Juan Carlos, toda esa zona estaba llena de médanos y tuvieron que rebajarlos para construir la escuela. Más atrás estaba el viejo matadero. Recuerdo los camiones con vacas, el matadero de Adaro. De la finca Giol recuerdo las caballerizas, cientos de caballos y galpones con fardos de pasto; lo mismo ocurría en la finca Reina.
Por ese asfalto de la foto se hacían algunos desfiles; hay fotos del año 1965. Las cunetas siempre llevaban agua y había dos empleados municipales que, con regadores, dejaban las calles impecables. Hacia el fondo de ese asfalto vivían los Córdoba, los Aurieme y la señora Olga Font, quien fue secretaria de muchas comisiones vecinales. Mesina tenía la farmacia; la familia vivía en San Martín y, por una situación particular, él se fue a vivir al pueblo.
La TAC de los colectivos tenía uno por la mañana y uno por la tarde. Por el colectivo pasaba toda la movida del pueblo, que llegaba hasta California. Mi tío Cholo Figueroa, al lado de nuestra casa, tenía el bar La Cita, que era la estación donde paraba el colectivo y el cine al aire libre. Después, en el club, tuvo un cine Alberto Leyes. En el colectivo llegaban unas bolsas grandes de lona y ahí venían los rollos para pasar las películas. Muchas veces las pasaba mi primo Luis Figueroa, el del Fiambre Argentino. Ver las películas al aire libre era un espectáculo; parecía la película Cinema Paradiso. Alguna vez nos subimos a los árboles para ver alguna película muy especial, y el policía Ochoa venía y nos decía: “A ver, pícaros, ¡se bajan!”.
Éramos muy pocos vecinos: los Maldonado enfrente de mi casa. Allí funcionaba la vieja herrería Cejudo (calle Cejudo). Pegado a mi tío, donde estaba el cine, trabajaba el mecánico del pueblo, don Rocha, Montenegro. La familia Godoy —el jefe de familia afirmaba ser descendiente de caciques huarpes— era dueña de medio Lavalle. Él era relojero y también fue concejal honorífico de la Unión Cívica Radical del pueblo (el certificado está en poder del profesor Martín Martín). Esta familia tenía el metegol, el billar y la pista de baile. Ya les había contado que a los Godoy se les murió un hijo pequeño en una fiesta de carnaval: se estaban pintando la cara con carbón y, al parecer, saltó una chispita, se prendió fuego el jovencito y falleció.
Pegado al tanque de agua está el chalet del peronista Felipe Mirabile y, enfrente, donde hoy está el canal hormigonado, estaba el viejo pozo de agua del pueblo. Donde hoy se encuentra la plaza, antes había un gran baldío al que venía algún parque de diversiones; se realizaban carreras de galgos y, una vez, Alberto Leyes se tiró en paracaídas desde un avión y quedó enganchado en una rama.
Del Club Tres Porteñas me comentaron que el color de la camiseta corresponde a Estudiantes de La Plata, porque el padre de mi hermano, don Luis Villadeamigo, nacido en La Plata, fue quien le dio esos colores, según cuenta la leyenda.
Don Gerardo Villadeamigo, casado con mi mamá en primeras nupcias, tenía uno de los negocios grandes del pueblo. Mi mamá recordaba cuando llegaba el tren y le traía toda la mercadería en cajas grandes: mercadería suelta, bicicletas, máquinas de coser y cosas para las caballerizas.
Por último, de las leyendas urbanas contaban que, donde el canal hace la vuelta al costado de la escuela secundaria, siempre se escuchaban ruidos de cadenas. Mi papá decía que ahí se había ahogado Juancito “el de las cadenas”, un arriero de los grandes carros, y por eso siempre se escuchaba ese ruido especial… creer o no creer.
En esa casa histórica de la foto salimos Silvia (asistente social) y cuatro hermanos médicos: Juan Carlos, Julia, Mónica y yo. Vivimos allí hasta 1969, cuando nos mudamos a San Martín porque mis hermanas comenzaban la secundaria. Mi papá siguió trabajando hasta dos días antes de fallecer, el 21 de septiembre de 1978.
Justo me encontré con la esposa de Malín Tagarot y recordamos un poco la historia del Divisadero: las viejas familias italianas, españolas, belgas, rusas, turcas y otras más que hicieron grande toda la zona. Ahora le toca a Bolivia.
Saludos y feliz cumpleaños. Seguro que hay mucha gente con historias maravillosas de aquellas épocas tan duras y tan llenas de grandeza para la región.
Dr. Sergio Figueroa
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